Ama en Nepal: Semana 2

Nuestra segunda semana empezó con una reunión del equipo enREDarte, una amalgama de entidades que trabajamos codo con codo desde hace 6 años para prevenir la trata sexual y el matrimonio temprano. A pesar de que el equipo Ama se encontraba en Nepal, la reunión se siguió haciendo online ya que las distancias geográficas entre cada una de nosotras siguen siendo difíciles de atajar con facilidad. Acudimos Ama Nepal, Books for Change (Pranita desde Suiza); Hamro Pratisthan (Kavita desde Astam); Youth Foundation Nepal (Nirajan desde Patan) y Circus Kathmandu (Bijay desde Kathmandú).

Durante 2 horas tomamos varias decisiones relevantes sobre el próximo programa de sensibilización en el distrito de Dang, a 25 horas en coche al oeste de la capital. Nirajan hizo un viaje previo sobre terreno para recabar información, resaltando como mayores problemáticas sociales los casos de matrimonio temprano, la violencia de género y la migración por vías no legales. Una vez más, fue costoso acceder a la información relativa a la trata sexual y al tráfico de humanos en esta zona. Nirajan preguntó en varias ocasiones y la respuesta fue la misma: no tienen datos, ni constancia. No podemos decir si esta información realmente se desconoce, o si más bien, se esconde. Internet está repleto de información relativa a casos de trata sexual y tráfico de humanos en esta zona, así que sabemos que existen. Cuando no encontramos respuestas entre la población local ni entre las instituciones, podemos estar bastante seguras de que es porque por una parte el tabú es tan grande que el tema se devuelve una y otra vez al silencio, y por otra parte, es fácil que un alto número de las personas de la comunidad esté directamente implicada en las gestiones ilícitas. En este caso, y con otros datos donde contrastar, el silencio habla más que las palabras, y nos reafirmamos en nuestro objetivo: las sesiones de teatro social participativo tendrán como temática principal la trata sexual y el tráfico de personas. El guion tocará e incluirá también el resto de las problemáticas presentes y percibidas y dará un espacio fórum al final para que la población proponga otras maneras de hacer. Bijay Limbu, coordinador de Circus Kathmandu estaba notablemente afectado por esta historia que le recuerda demasiado a la suya y además hacer la obra de teatro, él y sus compañeras también ofrecerán varias charlas donde contarán su propia historia, así como la reproducción de la película Even when I Fall, que narra cómo las participantes de Circus Kathmandu fueron rescatadas de un circo en la India donde fueron traficadas de niñas. El siguiente programa tendrá lugar entre los días 18 y 25 de septiembre cuando los diferentes equipos sobre el terreno se desplazarán a la zona. Por aquel entonces Ama Nepal ya estaremos de regreso pero esperamos tener un buen reportaje gráfico que ayude a dar visibilidad a este potente trabajo conjunto.

Equipo enREDarte

¿Quieres prevenir la trata sexual?

Te recordamos que nuestra campaña sigue activa, quedan menos de 45 días y todavía nos falta recaudar 2/3 del objetivo. ¡Cada poquito cuenta!

IR A LA CAMPAÑA

Otro de los objetivos del viaje es, también, inspeccionar el terreno de manera que nos permita valorar la posibilidad de volver a poner en marcha el viaje solidario. Esta tarea cogió forma con la vista a varios alojamientos y zonas turísticas, tanto en Kathmandú  como en las inmediaciones del valle, incluyendo Panauti, un pueblo newari muy bien conservado, rodeado de campos de arroz y donde confluyen dos grandes ríos. El centro histórico de esta población es un museo viviente: casas tradicionales, templos de los más antiguos en Nepal,  pocos vehículos y mucha tranquilidad, ideal tras una semana intensa en la vorágine de Kathmandú. También marca el posible inicio de una ruta hasta el monasterio budista de Namobuddha, una caminata de unas 4 horas a paso tranquilo. Por el camino nos encontramos campos de arroz y de maíz, miradas curiosas y sonrisas eternas, casas diseminadas, pequeños pueblos, árboles imponentes… y, por suerte, ¡la lluvia nos respetó todo el camino!

Calles y cultura newar en Panauti
Campos de arroz en el camino

Llegamos a Namobuddha tras una subida pronunciada. Era sábado y la estupa estaba rodeada por decenas de personas que aprovechaban su día libre para ofrecer sus plegarias a este lugar sagrado. Aún con nubes cubriendo el Himalaya, las vistas desde aquí son extraordinarias, y se puede apreciar la magia del lugar rodeado de una voluptuosa naturaleza. Esa noche cenamos con los monjes y dormimos en unas cómodas estancias adyacentes al monasterio principal. A la mañana siguiente amanecimos a las 6 y envueltas en niebla, nos dirigimos hacia el templo principal para asistir a su ceremonia diaria o Puja.  Allí, los monjes entonan diferentes versos de las enseñanzas de Buda, en algunos momentos cantan al unísono, en otros, cada uno va por un verso distinto.  De vez en cuando, se hace el silencio. Todos sentados en postura de meditación, envueltos por el inmenso templo, repleto de pinturas detalladas de la vida de buda. Durante estos instantes de solemnidad y silencio, solo oímos nuestra respiración. Sin saber muy bien cuando ocurrirá, la voz de alguno de los monjes más veteranos rellena el vacío murmurando un nuevo verso al que el resto se coge poco a poco. Suenan tambores y trompetas. La música evoca lo contrario que silencio, y transmite un aparente caos que habla de dificultad y sufrimiento, aquel del cual buscamos liberarnos. Siguen los rezos, vuelve el silencio. Nosotras cerramos los ojos, escuchamos, de vez en cuando miramos. Sentimos una inmensa gratitud por poder presenciar ese momento, también nos fascina que estemos o no, esto seguirá ocurriendo, igual que ha hecho durante cientos de años. Vidas en paralelo. “El mundo ahí afuera” está hecho, a nuestro parecer, un auténtico desastre. Mientras tanto, el aparente remanso de paz que surge del ritual y las plegarias repetidas una y otra vez por parte de los monjes nos conmueve: debemos poder reconocer que su elección de vida también contribuye al deseo de generar un mundo menos hostil. Cantan en bucle “Que todos los seres sean felices” y desde su lugar, buscan transformar la condición humana de manera que trascienda lo material y nos libere del sufrimiento. Gracias.

Monjes de Namo Buddha al atardecer

Días más tarde, hicimos una parada algo más terrenal por el camino: la casa de Nírmala, la madre Suman, el primer niño que becamos hace ahora 12 años. El camino a su casa se hace extraño ya que hasta ahora, siempre que hemos ido, él nos esperaba en el pequeño templo de Chettrapati para guiarnos hasta su hogar. Esta vez no está, se ha ido a Japón a estudiar. Durante estos 4 años que no nos hemos visto, hemos mantenido el contacto con él por mensajería instantánea, donde nos iba contando los avances y los obstáculos de su día a día. Hace apenas 3 meses que nos contó que le habían concedido un visado para estudiar en Japón, una noticia que celebramos con él en la distancia. Sin embargo, a los pocos meses de estar ahí, nos contaba que las cosas eran más difíciles de lo que pensaba y que echaba de menos su casa. Según nos acercábamos a su casa, nos iba pesando cada vez más su ausencia y antes de subir las escaleras, paramos un momento para coger aire y prepáranos para saludar a su madre, quien seguramente, le echaba de menos mucho más que nosotras. Levantamos la cortina de su casa – una única habitación de 8 metros cuadrados – y ahí estaba ella: Nírmala la mujer de la sonrisa gigante, se acercó hacia nosotros con los brazos abiertos y el brillo de sus ojos se convirtió rápidamente en lágrimas. Se dejo caer en nuestros brazos y lloró. Mucho. Eran lágrimas de soledad, y de impotencia. Pocas veces hemos visto llorar a personas en Nepal. La llegada nos conmovió a todas.

En menos de 5 minutos, Nírmala ya se había secado los ojos y nos estaba sirviendo comida. El amor maternal que ya no puede compartir físicamente con su hijo, lo expresó con nosotras. Estuvimos en su casa durante casi 4 horas. Ella no habla inglés, nosotras, chapurreamos algo de nepalí, pero aun así, logramos comunicarnos y entendernos lo suficiente como para compartir juntas un ratito de su cotidiano, y también para saber algo más sobre la historia de Suman. Con la beca educativa, Suman pudo terminar sus estudios de grado superior y consiguió un trabajo como contable, sin embargo, con el Covid perdió el empleo y no pudo encontrar alternativa. Su madre, afectada por una lesión en la rodilla, no puede trabajar y no recibe ninguna ayuda estatal. Agobiado por la situación familiar, y necesitados de una economía básica, Suman decidió pedir una beca de estudios para ir a Japón. ¿Estudios en Japón? ¿Cómo iba a ayudar eso a la economía familiar? Porque Japón provee visados de estudios y trabajo a jóvenes nepalis… que acaban siendo mano de obra barata en el país. Habíamos malentendido que había conseguido una beca para seguir con sus estudios. Nada de beca… el visado le ha costado más de 15.000€. Se nos hace un nudo en la garganta. Seguimos escuchando. Nírmala repite una y otra vez la palabra “estrés”, nos dice que su hijo no está durmiendo porque no le da tiempo: entre las horas de estudio y las muchas horas diarias de trabajo, Suman acaba agotado y con pocas horas para el descanso. No libra ningún solo día. Visado a 15.000€. Trabajar sin descanso por un sueldo mucho menor que el prometido. Se fue a Japón esperando tener  unos buenos ingresos, primero para pagar la deuda de 10.000€ (que no hemos sabido bien a quién se la ha pedido) y luego, para mandar dinero a casa y a su madre. Empezamos a entenderlo: Suman ha caído víctima de la de explotación laboral. Se nos hunde el alma entera. Se estima que más de 6 millones de nepalíes han emigrado en las últimas décadas, representado a más del 20% de la población. Desde Qatar a Malasia, desde Korea a Israel, desde Europa a Estados Unidos – las cifras que provee Amnistía Internacional aclaran que las condiciones laborales de la mayoría de nepalíes inmigrados cumplen la categoría de las 4D: dangerous, dirty, difficult and demeaning (peligroso, sucio, difícil y degradante). Las excepciones a la regla son pocas. Queremos saber más de su historia, pero la limitación del lenguaje no nos permite indagar más. Queremos saber quién le ha vendido el visado, a quién le han pedido el dinero. Nos damos cuenta de que Suman estará en Japón por mucho mucho tiempo. A Nírmala le vuelven a saltar las lágrimas cuando nos cuenta que con lo poco que cobra, tardará mucho en devolver la deuda – serán años de permanecer en el extranjero. Mientras tanto, ella sigue buscando pequeñas labores que le puedan dar algún ingreso – aunque siempre esporádico. Se aligera un poco el ambiente cuando saca una inmensa bolsa de un material parecido al algodón y nos muestra cómo lo moldea para hacer mechas para las velas de aceite. Su sonrisa vuelve a iluminarse y de hacer velas, pasa a pintarnos las uñas y a sacar de su polvoriento armario unas cuantas pulseras típicas que nos regala con ilusión. “Volver pronto” nos dice mientras nos calzamos para marchar, soltamos la cortina y detrás de ella, una última imagen de su sonrisa que nos acompaña camino a casa, en silencio y con lágrimas más amargas que dulces en los ojos.

Una tarde con Nírmala…
…no nos deja indiferentes

Los últimos días en Kathmandú los pasamos con la familia de Maitri Griha, inmensamente bien cuidadas por la madre y familia de Mhindup. Seguimos con algunas tareas relativas al viaje solidario antes de partir hacia Pokhara, un camino de 180 km en autobús que hemos recorrido ya muchas otras veces, pero nos avisan que está en muy mal estado. Esta es “la autopista de Nepal”: una carretera estrecha de dos carriles que es la principal arteria de comunicación de la capital con Pokhara e India, de donde vienen la mayor parte de las importaciones. Tardamos 8h y media en recorrer los 180km – el camino está mucho peor que hace unos años. Además de arrastrar unas obras de mejora desde hace más de una década, ha llovido más que nunca y se pueden ver varios desprendimientos a lo largo del trayecto. La carretera está llena de baches y el tráfico es denso. El estado de esta carretera principal en Nepal nos da una idea de cómo está el resto. Nuestro autobús es turístico, algo que nos garantiza que el conductor tiene licencia y que el vehículo está en buenas condiciones: conduce con calma y sortea los muchos obstáculos con maestría – aun así, se nos erizan los pelos de vez en cuando, y sólo nos queda confiar. Entre risas, hay momentos en lo que la adrenalina de nuestra propia aventura de desinfla: hoy nuestro viaje a sido relativamente divertido, cansado, pero divertido. ¿Cómo es pues, para el resto de Nepalíes que no pueden elegir? ¿Cómo es viajar sabiendo que hay altas posibilidades de sufrir un accidente grave? ¿Cómo es tardar 8h en recorrer enfermo de apendicitis un camino lleno de baches antes llegar al primer hospital?

Nos despedimos del equipo Maitri Griha
Caudalosos ríos en el camino a Pokhara

Llegamos a Pokhara y la orilla del lago parece un parque de atracciones. Hay decenas de nuevos bares llenos de luces de neón. Hay una pantalla luminosa gigante en medio de la calle. Una noria llamada “Disney-land” da vueltas sin cesar. El contraste es radical. ¿Esto es lo que llamamos desarrollo? Hace días que nos acompañan reflexiones agridulces, 12 años viniendo y todavía nos topamos con un grado de injusticia y desigualdad que nos deja a penas sin palabras.

Buscamos un rinconcito tranquilo alejado del barullo de Pokhara, nos toca un poco de descanso: a ver si nos ayuda a aligerar la digestión de tantas experiencias intensas, de tantos contrastes difíciles de encajar. No decaemos en nuestro espíritu de transformación, pero hoy nos sentimos algo más pequeñitas ante la compleja inmensidad de todo. Durante un ratito, nos relegamos al silencio.

Nuestra palabra nepalí de la semana es justamente esa: silencio (maunata)

Uno de los pocos rincones tranquilos del pago Phewa Tal, en Pokhara

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